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Somos tan complicados, nosotros, tan llenos de misteriosos resortes, de resonancias secretas, de alianzas y hostilidades, de encuentros y desencuentros. Jugamos un ajedrez casi demoníaco y maravilloso.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Cúrame del vacío.
Que cada uno busque dentro de si mismo, que es el único lugar donde puede encontrarse la verdad y todo ese montón de cosas que cuya persecución, fracasada siempre, produce la obra de arte. Fuera de nosotros no hay nada, nadie.
Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.